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viernes, 20 de mayo de 2016

IMPOTENCIA ANTE LA PRUEBA DE DIAGNÓSTICO DE 3º DE PRIMARIA




Impresionante testimonio de una maestra acerca de la prueba externa de Matemáticas para 3º de primaria. No nos podemos permitir ser cómplices de este atropello a la infancia. ¿Qué más necesitamos saber de las reválidas para decir basta?

IMPOTENCIA ANTE LA PRUEBA DE DIAGNÓSTICO DE 3º DE PRIMARIA

"Soy Maria José, maestra de Primaria de un colegio público de la Región. Este curso maestra de 3º de Primaria, lo que no es baladí en los tiempos que corren. Los maestros de tercero sabemos que al finalizar el curso tenemos pendiente la famosa prueba de diagnóstico. La sufrimos todos, no sólo los niños, también los maestros, los padres y, en definitiva, toda la comunidad educativa. La semana pasada tuvimos la prueba de tercero. Hicimos la de Lengua, la de Inglés y todo seguía su curso, pero llegó la de Matemáticas.

No daba crédito a lo que leía cuando se abrieron los sobres en donde estaba el material. El único recuerdo que tengo de ese momento es el temblor de mis propias manos conforme iba pasando las hojas del cuadernillo.

La maestra que aplicó la prueba repartió los cuadernillos y así empezó uno de los momentos más amargos que he vivido este curso. El gesto de los alumnos al leer la primera pregunta difícilmente lo olvidaré.

La maestra les decía que si no la sabían que pasaran a otra y así lo hicieron, pasaron a otra y a otra más, pero de nada sirvió, sus caras seguían expresando desconcierto e impotencia. Pero mayor era la impotencia que yo sentía viéndolos, y sin hacer nada para protegerlos.

Así pasaron los primeros 40 minutos. Unos 40 minutos cargados de 13 preguntas densas, algunas difíciles de interpretar y con dibujos que inducían a error, con un contenido que no se correspondían al nivel de tercero.

Llegó el descanso, pero el despropósito debía continuar y atravesamos otros 40 minutos. Contrariamente a lo que cualquier mente sensata y lógica podría pensar, la segunda parte era más larga (15 preguntas), más difícil, mucho más confusa y en la que venía de regalo un rollo de cinta de 25 m. con el que rodear una zona para entrenar a un lindo perrito.

Ha habido muchas quejas de maestros, directores y parece que se ha eliminado alguna pregunta. De nada sirve, al menos a mí, que se eliminen una, dos o siete preguntas. Los niños se desanimaron. La presión de la prueba fue demasiado para ellos, no lo estaban haciendo bien y se sentían derrotados.
Y nosotros los maestros allí, siendo testigos mudos de un atropello a lo que más amamos, nuestros alumnos. No hay justificación pedagógica alguna que defienda este tipo de prácticas, ni por la forma, ni por el contenido, ni por los tiempos. Estuvimos tres días examinando a niños de 8 y 9 años y alterando la vida de todo el centro.

Me pregunto ¿Para qué? ¿Quién lo ha solicitado? ¿Acaso esto va a mejorar la educación? Nada de lo que pasó o de los resultados que obtengamos tiene que ver con la realidad de la vida escolar, porque todo se ha hecho desde fuera sin contar con nadie. El comentario que más se oyó ese día fue: «Esto no lo ha podido diseñar un maestro».

Yo no me siento bien. He invertido mucho y me siento estafada. He cambiado mi programación por las pruebas, la dinámica de mi aula y, a ratos, hasta el trato con mis alumnos; les he exigido a veces más de lo que eran capaces de dar. Tantos años en la enseñanza y todavía no he aprendido que cuando no se cree en algo hay que obviarlo. ¿Por qué entonces me he dejado arrastrar por esta sinrazón? Mis alumnos me lo perdonan porque ellos siempre me perdonan, pero y yo ¿podré perdonarme yo?"

http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2016/05/19/impotencia-prueba-diagnostico-tercero-primaria/738273.html

Reválidas ¿para qué?