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sábado, 11 de junio de 2016

Fiesta y Reivindicación en defensa de la Escuela Pública en Segovia


Sábado día 11, desde las 17:30 h, en la Plaza de San Martín, a los pies de la estatua de Juan Bravo, la Plataforma por la Escuela Pública, Laica y Gratuita de Segovia  ha celebrado un año más la FIESTA POR LA ESCUELA PÚBLICA.

Discurso de graduación de Lucia Alejo Ronco de 17 años sobre el modelo educativo actual:

Buenas tardes, muchas gracias por estar aquí hoy. Y por estar, en general. Y es que, si habéis venido hasta este salón de actos es porque, seguramente, hayáis estado al lado de alguno de nosotros en un momento u otro de este curso, de una u otra manera, y es probable que eso no siempre haya sido tarea fácil


                                           Talleres
                                         Grupo de educación Fisica CEIP san Jose
                                          Segogospel
                                          Musica y Maestros de la educación pública
                                         

                                           Rony batukada
                                          Colectivo de estudiantes
                                         Colegio Arcipreste de Hita del Espinar
                                          Esloganes
                                          Malabares de Java y Florentina


Discurso de graduación de Lucia Alejo Ronco de 17 años sobre el modelo educativo actual:

Buenas tardes,
muchas gracias por estar aquí hoy. Y por estar, en general. Y es que, si habéis venido hasta este salón de actos es porque, seguramente, hayáis estado al lado de alguno de nosotros en un momento u otro de este curso, de una u otra manera, y es probable que eso no siempre haya sido tarea fácil.

Llegados a este punto final, las valoraciones son inevitables. Y lo malo de hacerlas con sinceridad es que no siempre son positivas o correctas.
Es innegable que entre estas paredes hemos pasado buenos momentos, que nos llevamos un puñado de experiencias y de personas increíbles, y que la mayoría de recuerdos, finalmente, serán agradables, aunque en ello colabore la inevitable actuación de la memoria selectiva humana.

Pero no sería justo olvidar las cosas que no funcionan. Y creo que hay cosas que no se pueden quedar por decir.
Pasamos aquí algunos de los años más interrogantes de nuestra vida, con el cambio constante como protagonista, y la inseguridad rondando demasiado a menudo.
Es relativamente sencillo analizar datos sobre acoso escolar, ver reportajes sobres trastornos alimenticios o escuchar charlas en las que se enuncian soluciones para todo ello, sin medir la extrema dificultad que conlleva ponerlas en práctica. Pero lo que las estadísticas no reflejan es el desgarro emocional, el infierno permanente que supone padecerlo. Porque la realidad son chicas, y cada vez más chicos, que se esconden todos los días en los baños de este instituto, y vomitan en el váter complejos y culpabilidad. Y adolescentes en constante depresión gracias al desprecio proveniente de otros compañeros con aún menos autoestima que ellos.
Y como he dicho, las soluciones a tantos casos, y sus cientos de variantes, no son sencillas. Las heridas son profundas, aunque el cariño, el tiempo y la comprensión suelen ser buenos aliados.
Pero hay algo aún más eficaz: su prevención. Y al igual que este centro puede ser espectador de tales situaciones, también representa el mejor de los medios para eliminarlas: la educación; una increíble arma, una canal para decirles todos esos chicos frustrados con su aspecto, a todas esas chicas asfixiadas por complejos; que no es culpa suya, que nunca lo ha sido. Que es la sociedad la que, cínica, superficial y manipuladora, ha introducido esos inalcanzables cánones en sus cabezas, y les ha arrebatado el amor por ellos mismos, porque las personas inseguras son infinitamente más fáciles de manejar. Y que aún así, podrán con ella.
Pero cuidado; padres, compañeros, familiares, profesores, amigos; sería muy hipócrita hablar de la sociedad en tercera persona, como si no la conformáramos, como si no estuviera en nuestras manos su transformación.

Y también sería absurdo hablar de educación y no del sistema que dice promoverla. Y que tantos fallos tiene.
Desde luego algo no va bien cuando la ansiedad se ha convertido en una constante diaria para muchos de nuestros compañeros, cuando acudir a clase es un deber monótono carente de motivación, cuando aprobar ya no significa aprender, sino memorizar sin razonamiento, cuando los contenidos vienen impuestos, sin prestar atención a la necesidad o interés de alumnos y profesores sobre qué aprender o qué enseñar. Porque parece que a lo largo de toda nuestra vida escolar nos persigue el tiempo, el “tenemos que acabar la programación”.
Y con los horarios pegados a los talones, y los presupuestos reducidos como limitación; nunca nos preguntamos si no sería mejor visitar y conocer nuestra tierra, en vez de aprender sus características sobre el papel. O vivir y experimentar la naturaleza, sus causas, sus consecuencias; y no tener que creer sin fundamento cuando tu profesor te las recite. O leer y leer, las listas de obras que ahora solo memorizamos, dejar que nos remuevan conciencia y sentimientos. Renunciar a estudiarnos los rasgos de la poesía, y fundirnos con ella.
Porque quizá así, humanizando y dando forma al aprendizaje, consigamos transmitir mucho más que conocimientos, logremos contagiar valores y resolver problemas. Porque el amor por tu tierra, el respeto por la naturaleza y la afición por la lectura no son enseñanzas teóricas ni objeto de evaluación, pero sin embargo son imprescindibles. Y nuestro sistema actual no lo comprende.

Pese a ello, con frecuencia nos equivocamos volcando la culpa y la frustración en los profesores. Que pueden ser causa inmediata, pero no la raíz del problema. Un profesor malo es consecuencia de un sistema educativo malo, que le permite dar clase sin vocación o aptitud para ello, o que le ha desmotivado por completo en su tarea. Ser maestro es, probablemente, la profesión más importante del mundo, pero no es solo aprobar una oposición. Porque tendrá en sus manos la más incalculable de las responsabilidades: formar a los individuos que construirán el futuro. Y es que un buen profesor puede ampliar todos nuestros horizontes con unas pocas palabras, abrirnos los ojos, cambiar nuestra vida en un momento y merecer nuestro agradecimiento eternamente.

Tampoco os dejéis llevar por la competitividad ingente en la que nos instruyen aquellos que solo quieren de nosotros la mayor producción, el máximo beneficio; enfrentándonos a nuestros iguales para ser mejores, más eficaces; equivocándonos de enemigo. Quizá deberíamos dejar de temer que aquel que se sienta a nuestro lado nos robe el trabajo, y comenzar a preguntarnos por qué no podemos tenerlo ambos.

Y para más comodidad, nos adormecen mentes y conciencias, porque las protestas hacen ruido y los gritos molestan. Porque como dijo Galeano “se nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo. En la escuela son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación.”

Y hoy que cerramos nueva etapa, nos desean suerte para un porvenir de éxito. Pero cuántos matices, trasfondos y obstáculos conllevan esas palabras.
Hace unos pocos días nuestro querido profesor Chélech lo describía a la perfección: “tenéis el futuro por delante, sin olvidar, como decía Voltaire, que el universo es una inmensa disputa de bandidos abandonados a su suerte”.
Y en cuanto al éxito, dicen que nuestra vida ha de estar enfocada a lograrlo. Pero no dejéis que os lo determinen o impongan, quizá no todos lo encontramos en una oficina o en un sueldo mensual.
Porque el éxito es nuestro, compañeros, lo tenemos entre las manos para hacerle acompañante de viaje y no destino; para construirle, darle una definición, y ningún límite.

Y si teméis a este final, como al futuro, como a lo desconocido e incierto; pensad que siempre nos quedará algo de tierra firme. Pueden ser aquellos amigos que han estado con nosotros más allá de intereses y circunstancias, los lugares que hemos conocido o las cosas que hasta ahora nos han hecho felices. El pasado siempre será un refugio agradable, pero es momento de seguir construyendo.