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sábado, 9 de agosto de 2008

A Fátima del Castillo


N o dejes que la tristeza te impida ver las estrellas, el miedo las noches y la melancolía tus sueños". Ésta era su cita favorita. Una frase simple y llena de esperanza. Y es que, así era ella hasta que el mundo la venció.
Fátima era única. Supongo que como todos, pero ella lo era de una manera especial. Era humilde y sincera, lo que hoy en día resulta tan extraño encontrar. Nos enseñó, entre otras muchas cosas, lo que debemos valorar en esta vida, las cosas y sentimientos que verdaderamente son importantes. Y nos lo enseñó con su ejemplo, con su delicadeza y constancia, y sobre todo, con su buen hacer, siempre tan incondicional.
Esta es la noticia, la que ningún medio de comunicación se atreve a explicar de corazón. La de una joven que acaba su vida en Segovia. Una ciudad que a ella hizo feliz en sus últimos años, y que, sin ser segoviana, hizo muchas pequeñas grandes cosas por los que aquí residimos. Ella era así. Los que la conocían lo sabrán siempre. Y no se trata de abogar por el cinismo e idolatrar a un ser muy querido que nos deja un gran vacío, sino de aceptarla con todas sus virtudes y defectos, y sobre todo, de aceptar e intentar asimilar el trágico acontecimiento. Debemos respetar y comprender el mensaje que nos deja: las cosas se pueden hacer mucho mejor. Es su ejemplo, su legado y, seguramente, su mejor deseo para nosotros.
En El Bohemio, Fátima encontró los medios para llevar a cabo sus sueños, y a nivel personal, aquí halló lo que éste triste y egoísta mundo no le supo dar. Porque ella, tenía una sensibilidad especial, y cuando observaba las calles y las gentes, no podía evitar sentirse decepcionada, al ver la falta de principios que existen en el día a día. Algo que, lamentablemente, tenemos muy aceptado.
Aquí como en Torrecampo, su pueblo natal, deja un gran vacío en muchas personas, pero también lega un hálito de esperanza. Ahora, puede que sea todo confuso, pero al echar la vista atrás recordando cada pequeño detalle, pensando en la intención de sus actos, la sensación de que un mundo mejor es posible, nos arropa gracias a ella. Porque todo su trabajo era siempre incondicional. Hacía lo que hacía porque lo sentía. Nunca esperaba nada a cambio, y todos, por lo menos en El Bohemio, hemos tratado de ser así, aunque dudo que nunca estemos a su altura, pues ella tenía ese don de la naturalidad, que nos mostraba lo que realmente importa en esta vida.
Organizó veladas poéticas en las que, con su humildad, conseguía que al final todos los asistentes leyeran poemas o ensayos muy personales, que de otra manera, nunca se hubieran atrevido a enseñar. Consiguió que El Bohemio quedara sexto en el último concurso de tapas de entre veintinueve participantes. Hacía que nada pareciera imposible, y podría llenar hojas y hojas con todas sus hazañas, pero de nada servirían si a ti, no te invitan a la reflexión.
Querido compañero, ésta es la verdadera noticia: fallece una mujer de temprana edad que luchaba por un mundo más justo y que esperaba despertar conciencias con la sencillez de sus palabras, sus actos y su sonrisa tan especial.
Ayer viernes, a las 19 horas, guardamos tres minutos de silencio en El Bohemio en su memoria. Para que nunca nos venza el olvido y recordemos como una de las más importantes lecciones de la vida, su maravilloso ejemplo.
Tus amig@s del Bohemio

3 comentarios:

gergana dijo...

Gracias por el post, ha sido realmente reconfortante leerlo, cuando aún las preguntas embotan y aturden mi entendimiento. Gracias por el justo homenaje y por plasmar lo que Fatima nos regaló siempre: su GENEROSIDAD inagotable y con mayúsculas. A partir de hoy, yo tambien voy a guardar esto y a sonreirle haya donde quiera que esté.

Una madrileña-torrecampeña que tuvo la suerte de conocer el Bohemio.

Ch dijo...

Siendo sincero apenas la conocia en lo personal. Tan solo conocia a esa chica que te recibia siempre con una sonrisa, y un especial brillo en los ojos.

He de decir, que tristemente despues de lo acontecido, conoci a esa leyenda, y puedo decir que una persona como ella nunca muere.

Mueren los relles, los presidentes, tambien lo hacen los generales.

E incluso mueren los dioses.

Pero una persona como ella nunca muere.
Mientras su recuerdo sigua en los corazones de cada uno de los que la conocieron, una persona es eterna.

Diógenes (a.k.a.) PUNKSNOTDEAD dijo...

Recorre mi cuerpo una sensación especial al leer este artículo. Fátima fue la primera persona que conocí en Segovia, una compañera de clase con la compartía una afinidad y una complicidad especiales, la culpable de que recitara por primera vez mis poemas en el Bohemio y la artífice de que algo mío saliera publicado en un fanzine. El brillo de sus ojos y la calidez de su sonrisa siempre permanecerán vivos en nuestro recuerdo.