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jueves, 1 de octubre de 2015

INTENTANDO ENTENDER LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS


No podemos comenzar de otra forma que reconociendo que la realidad humana de la emigración atañe a personas de carne y hueso de todas las edades, creencias y condiciones, unidos en una misma experiencia de sufrimiento llevado a los mismos límites de la muerte. En un mundo de vasos comunicantes como el nuestro es lógico que allí donde la guerra, el hambre y las penurias imperan, los hombres y las mujeres acudan a esos otros lugares donde hay paz, seguridad, trabajo, …condiciones mínimas para llevar una vida digna.Los dirigentes de la Unión Europea y sus Estados miembros están siendo observados atentamente por los ciudadanos. El divorcio entre la sensibilidad popular y los políticos al uso, con excepciones honrosas, están llegando a su punto álgido. Los que deciden están siendo empujados por la opinión pública europea a tomar decisiones más comprometidas y solidarias, evidenciando la torpeza, la insolidaridad y el abandono que ha sido la bandera de sus políticas de acogida hasta ahora mismo. Es penoso ver y oir a nuestros líderes electos intentar endosar los problemas a los países limítrofes, y juzgar con criterios éticos el comportamiento sin duda inhumano de los políticos húngaros. ¿Acaso han olvidado que las vallas no son invención de los países del Este? Como siempre la hipocresía se convierte en protagonista. Lo que proclama abiertamente el presidente de ese país ha sido la expresión oral más fiel de las políticas europeas de acogida desde hace ya bastantes años. Comentario aparte merece la reacción de Rajoy, poniendo el foco en la actuación de las mafias como si fueran ellas la explicación del fenómeno y la justificación de tantas muertes.

En un mundo global las guerras no son problemas locales y las víctimas no son tampoco víctimas nacionales que sólo conciernan a los países enfrentados.

Oriente próximo es el paradigma de la globalización de los conflictos y la falta más pronunciada de la seguridad y la paz mundiales. Demasiados intereses en pugna como para aislar el problema y evitar dejarnos implicar en las posibles soluciones.

La crisis que vivimos es simplemente el reflejo de una enfermedad cuyos más devastadores efectos los están sufriendo hoy los países limítrofes de Siria e Irak con millones de refugiados. A Europa solo llega la espuma de ese furibundo oleaje de muerte y destrucción. Seguro que nuestros políticos desearían que la fortaleza europea fuera tan sólida e impenetrable como para evitar los sinsabores de una crisis que no ha podido mantener al margen.

Dejarse conmocionar por una imagen como la del niño muerto en una playa turca es sin duda más fácil que intentar comprender cómo se ha podido fraguar un hecho semejante

Una conciencia responsable no puede dejar de lado los porqués de esas oleadas de personas que abandonan sus países en llamas para intentar acceder a esa Europa que se dice de las libertades, la paz, el trabajo y el respeto a los derechos humanos.

  El por qué de las cuotas:

Parece ser que el problema sustancial a resolver consiste en el reparto de “cabezas de emigrante”, a tantas por país. Perdonen la crudeza, pero la creo necesaria en relación con la actitud mezquina, aunque aparentemente humanitaria, de nuestros políticos. La controversia que este tema ha despertado en relación a las cifras que se manejan (la última 160.000 personas a repartir en toda la UE) nos deja en evidencia, frente a los millones de refugiados que han acogido, sin previo cálculo de riqueza nacional ni de cifras de paro, etc…los países limítrofes con Siria, excepto Israel. ¿Qué vamos a hacer con aquellos que excedan ese límite prefijado no se sabe en función de qué? Si estamos en una verdadera crisis humanitaria ¿Qué hace Europa? Continente rico por excelencia (sin excluir los millones de pobres que han generado en su seno las políticas de austeridad) cuya riqueza evidente está cada vez peor repartida a costa de sus ciudadanos. ¿Qué justificación pueden encontrar sus dirigentes para hacer oídos sordos de la llamada a la solidaridad que se grita a pie de calle? Ahora como nunca se aprecia cómo son las personas, las que toman la iniciativa sin excesivos cálculos y en su nombre los movimientos sociales, organizaciones ciudadanas y algunas instituciones que, como los nuevos ayuntamientos, aspiran a ser la voz de la mayoría.

No nos dejemos engañar, los cupos son herramientas de control de la indignación ciudadana que no puede asistir pasiva al sufrimiento y la muerte de tantos seres humanos, víctimas de guerras y armas de las que son responsables nuestros dirigentes del mundo opulento. Exijamos medidas ya, tomemos nosotros la iniciativa, si ello es posible, para dejar en evidencia las palabras huecas y los gestos sin contenido, mientras se deja pasar el tiempo con miles de personas vagando de un sitio a otro.

Una última reflexión, para denunciar la falacia de que los venidos de fuera vayan a competir con nosotros por los escasos recursos de que disponemos. Este razonamiento solo puede llevarnos al rechazo y al enfrentamiento, cerrándonos sobre nosotros mismos a la sombra de nuestras fronteras nacionales (las vallas y las concertinas no son nuevas), y defendiéndonos del extranjero con el DNI a modo de escudo. Un nuevo “Santiago y cierra España” y por extensión Europa.

Tras los miedos institucionales y las prevenciones securitarias (yihadistas huyendo de sí mismos), están los despertares atávicos y bien conocidos de xenfobias y el paralelo despertar de nacionalismos excluyentes y movimientos políticos ultras. Ya están creciendo en muchos países de Europa (Frente Nacional en Francia; Amanecer Dorado en Grecia…) Y una mala gestión del problema de los refugiados e inmigrantes, potenciando los peores instintos grupales de miedo y egoísmo, pueden desatar este fenómeno de consecuencias impredecibles.

Exijamos recursos, derechos y atención para todos sin distinción de nacionalidades. No pueden decirnos que no existen, que súbitamente se han esfumado las posibilidades de acudir a una situación crítica, sabiendo que se gastan sumas ingentes en el saneamiento bancario, en construcciones públicas aberrantes, carísimas e innecesarias….y mientras, crecen los multimillonarios en un país como el nuestro con tasas de pobreza del 30%.

No, no es un problema de recursos escasos a repartir, es un problema de conciencia, de pura y simple solidaridad con los que viven situaciones críticas, como es el caso, y también un problema de voluntad política.

Está en juego la credibilidad de Europa muy mermada a nivel institucional y político. Somos los ciudadanos los que tenemos en nuestras manos no sólo presionar a los gobernantes, sino actuar directamente, poniendo en juego toda la creatividad de que somos capaces. También compartiendo con nuestros huéspedes medios materiales como muestra de la fraternidad universal en la que creemos, más allá de toda frontera.

Está todo por hacer, pongámonos manos a la obra, sin depender de las iniciativas institucionales.