Carracárdaba es un pueblo ficticio de la provincia de Segovia, donde nació el narrador,
Gordiano Arroyo. Preso desde los 17 años por un asesinato motivado por enfrentamientos
entre familias, será trasladado de la cárcel de Segovia a la de Menorca durante la dictadura de
Primo de Rivera. Desde entonces, vivirá encerrado la proclamación de la República y el
estallido de la guerra civil.
Procedente de un pueblo pequeño donde la relaciones humanas se limitan al trabajo de la
tierra y la familia; paradójicamente, la prisión le abre los ojos al mundo, simbolizado desde la
primera página en el mar: “Conocí el mar a los 18 años por haber matado a un hombre”. La
cárcel en la novela se convierte en una escuela de la vida. Entabla amistad con presos políticos,
un grupo de anarquistas que asumen la tarea de educarlo, le enseñan a leer, lo inician en la
lectura de clásicos y pensadores, le acostumbran a la conversación y la amistad.
De lectura ágil, intuimos la fatalidad según avanza la vida del protagonista, amenazado,
curiosamente, por la libertad que alguna vez tendrá que recuperar, en un mundo lleno de una
brutalidad para la que no está preparado. Como es habitual en la literatura crítica, el tema es
la hostilidad del mundo frente a la debilidad humana.
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